QUÉ MANERA DE VIVIR TIENE EL OLVIDO | Ángel Díaz
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SOBRE LA OBRA

 

La nostalgia siempre será el mejor lugar de la casa para encontrarnos, sin querer, con los fantasmas que sacamos en bolsas de basura por la mañana. A veces estos nos hablan al oído mientras limpiamos las tazas blancas de café con besos de quien no va a regresar; o justo toman forma cuando lavamos la ropa y pensamos sobre lo que hacíamos juntos en el día a día hasta darnos cuenta de que ya no existe en nosotros el tan lastimado “para siempre”. La nostalgia es una habitación donde no hay una sola puerta, donde a veces la encontramos a través de la soledad, esa intimidad que toca la fría ventana de la noche, pero donde ya no hay fuerzas para abrirla como cuando nos disponemos a limpiar los años cansados del rostro, encontrándonos convertidos en espejos, quizá buscando la reconciliación de todos los que fuimos, los que seremos. Será entonces desde las propias ruinas donde podremos construir de nuevo. Y tal vez se trate de eso, cerrar la puerta con doble llave y no salir de la casa hasta encontrarnos, aunque esté envuelta en llamas templando a los espectros.